martes, 20 de octubre de 2015

ALLÍ

LA CASA DE MARTÍN


Allí donde sucumbía en los infiernos de su soledad, allí donde era un ser indefenso a la merced de su pasión, allí donde me entregaba con divagante locura, allí donde se lee por puro chasquito el título de algún libro, allí donde había cánticos de gemidos.

Allí donde ya no estamos, allí donde no volveremos, allí donde están los recuerdos; solo se quedó Martín (creo que ni él).

En casa de Martín corren los relojes, se mueven igual que mis caderas…

Allí escapábamos él y yo, él no era Martín y yo no era ella, pero era su casa.


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